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Al Pueblo y La Sociedad Civil de Xaltocan:
¡Oradores!...
¡Oradores!... esa palabra nos detuvo e hizo reparar en aquel niño de Xaltocan.
El sol hacía que sus lágrimas parecieran cristales puros como lo cierto. Más, su rostro no era de tristeza,
resplandecía en su voz la luz de quien obtiene en noble lid, el premio de ser digno.
¡Ustedes me han hecho sentir orgulloso de mi pueblo! Dijo de una sola vez, sin tomar aliento;
un joven, para ser más preciso, un niño cuyo nombre pudiera ser Francisco, Simón o José, y su oración,
arremolinó en mis sienes tanto fuego como lava el Popocatepel en su seno.
¿Sería este un cumplido? No, no lo creo, nuestros jóvenes son hijos de momentos complejos,
de situaciones difíciles, de un mundo absurdo que les niega espacio.
Nuestros niños navegan las turbulentas aguas de la globalización neoliberal, pero son sinceros,
lo que no comprenden: lo rechazan sin llegar a sentir necesidad de glorificar, lo que no es de su agrado…
No estaba frente a un cumplido, ni al pueril elogio que un erudito pudo haber hecho después de concluir
la segunda edición del Concurso Latinoamericano de Oratoria, Xaltocan 2009… fui testigo del efecto que produce
en lo más profundo de lo humano la palabra que por su contenido y forma es tomada como cierta.
Después de escuchar aquel niño: Cada mágico minuto de la cita de Xaltocan,
pasa entonces por mi mente aliabierto como un águila mexica en vuelo:
El venerable consejo de ancianos en su lugar de honor, ese lugar; que ni el tiempo, ni la posmodernidad,
ni las culturas importadas les ha podido quitar a los mayores del pueblo Otomí.
Aquí, se les respeta y venera, se les protege como a las raíces que mantienen del árbol las hojas frescas en la cima.
Las palabras de los hablantes en lenguas originarias, incomprensibles; para los oídos mal habituados
a entender más lo ajeno que lo propio, confirman que más allá de los códigos lingüísticos ordinarios
existen otras formas efectivas de comunicación.
Solo después de estremecerme al verles liberar tanta energía,
me fue posible entender porque están aquí, en el siglo XXI los indígenas de América,
en pie como un único pueblo, cuyas lenguas parecen canciones diversas y bellas cantadas en Xaltocan.
Los ritos y las danzas, comulgan con la lengua sublime de lo humano; invocan desde una naturalidad inconquistable,
la esencia de una cultura que no pudo ser sojuzgada. Respirar después de cada acto de creación artística representado,
es llenarse los pulmones de una América Latina aún viva en el arte antiguo y rico que estas tierras acrisolan.
Es encontrar para la libertad, el cetro de la cultura, que la sociedad civil xaltocameca pone cada año en manos
de la palabra libre de los pueblos de América a más de 2000 metros de altura sobre el nivel del mar.
Hasta esta altura no se llega para decir lo que complace a los que explotan sino, para hacer valer el derecho de palabra
de quienes son y han sido explotados, nuestros pueblos de América Latina. Es eso, lo que hizo exclamar a un niño cuyo
nombre pudiera ser… Francisco, Simón, José, o Andrés: ¡Oradores!...
¡Ustedes me han hecho sentir orgulloso de mi pueblo! Panamá, Nicaragua, Ecuador, Perú, Cuba y México,
fueron más que nombres de naciones, constituyeron voz de pueblo, voz de hombre y mujer con cayos,
como los suyos en las manos y en el alma.
El niño emocionado estrechaba nuestras manos, le hacia feliz sentir el reconocimiento por su tierra,
comprender las razones del porqué sus mayores, llevan siempre la frente en alto como suelen hacerlo los guerreros,
otras lágrimas emocionadas acompañaron las suyas hasta la arena. Las cuencas de mis ojos de escasa fertilidad
se desbordaron, mientras le miraba, atendía y recordaba al Apóstol de Cuba,
José Martí decir: ¡Oh México querido! ¡Oh México adorado ve los peligros que te cercan!
¡Oye el clamor de un hijo tuyo, que no nació de ti! Por el norte un vecino avieso se cuaja:
Por el Sur:.. Tú te ordenaras: tú entenderás… pero si tus manos flaqueasen, y no fueras digno de tu deber continental,
yo lloraría… con lágrimas que serian luego vetas de hierro para lanzas…
Cada sentimiento que se cultiva en la arena de Xaltocan se constituye en veta de hierro para las puntas de las lanzas
morales que en lo inmediato habremos de usar pera no dejar de existir.
En vetas de oro que respalda la utilidad de la virtud que logra hacer sentir a un niño orgullo de su pueblo.
¡Oradores!... esa palabra nos detuvo e hizo reparar en aquel niño de Xaltocan.
Hoy, a un año de haber sido dicha, retumba en mis oídos y me obliga a devolver esta historia a sus legítimos dueños:
El Pueblo y La Sociedad Civil de Xaltocan.
Presidente del Club de Oratoria José Martí, de Las Tunas, Cuba.
Lic. Carlos Alberto Suárez Arcos
Subcampeón Latinoamericano de oratoria. 2009
Las Tunas, Cuba 25 de enero de 2010.
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